¡Qué difícil es adaptarse a los cambios en la Web!

Quizás eres un internauta asiduo: consultas más de una vez al día tu casilla de correo, lees las noticias en tu medio digital favorito, participas en alguna red social y, cada tanto, disfrutas algún video en YouTube. Para ti, navegar en la gran red de redes es un hábito tan usual como caminar algunas calles de la ciudad o preparar un café en tu cocina. Y en toda rutina, se sabe, prima la costumbre.

Cuando avanzas por un recorrido usual sabes en qué esquina doblar, qué comercios irán apareciendo e incluso con qué personas habrás de encontrar. En tu cocina, conoces perfectamente en qué cajón se encuentran las cucharas, dónde está tu pocillo de café preferido y, con el tiempo, acaso puedas preparar un buen desayuno con el ambiente a oscuras. Todo, gracias a la bendita costumbre.

En tanto, cuando los serivicios más populares de la Web emprender cambios en sus interfaces, muchos pueden sentir lo que yo: un bruto desconcierto inicial, pasajero aunque brutal. ¡Han cambiado la dirección de las calles, las esquinas ya no doblan hacia el mismo destino! ¡Alguien ha puesto la cuchara en el cajón de los tenedores, y nuestro pocillo favorito ya no está en la misma repisa! Aquello que antes hacíamos en pocos segundos, ahora requiere más atención: ¿Dónde está tal o cual enlaces? Alguien lo ha escondido.

Aquella manía que llamamos costumbre exige que encendamos las luces para retomar el paso firme y seguro. Pronto la rutina acomodará las cosas y volveremos a navegar en la Web con los ojos cerrados. Aquí está la caja de búsqueda, allí el botón para enviar el correo; por allá las tazas y en este cajón las cucharas. A fin de cuentas, con el paso del tiempo acaso comencemos a sentir que el cambio ha sido positivo.

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