Así son los usuarios híbridos, en la frontera digital y analógica

Por Uriel Bederman para TendenciasMag.com

El cuento es sencillo pero digno de ser contado. Esta historia -su conclusión- llegó por oposición: Era una tarde de ocio digital, el café humeaba junto a mi computadora, cuando por esas casualidades de la red llegué a este video. Niños que rondan el año de vida utilizando con soltura equipos con pantallas táctiles, frustrándose enormemente al advertir que esa magia tecnológica no es útil sobre las páginas de una revista. Cosas de generaciones.

Mejor que nunca antes, esa tarde comprendí aquellas concepciones tan en boga que establecen las diferencias entre los nativos y los inmigrantes digitales. En términos teóricos, esta terminología acuñada en 2001 por Marc Prensky, especialista en el área educativa, en su libro titulado, precisamente, Inmigrantes digitales; las disparidades entre ambos segmentos están definidas por la contemporaneidad con el acceso a la tecnología, la sincronía (o falta de) que establece hábitos y lógicas particulares según el caso.

Estas brechas pueden ser bien identificadas en el lenguaje. Son miles los términos que se han incorporado al habla por obra del creciente acceso a la tecnología. “Chat”, “chatear”, “SMS”, “spam”, “retweet”, “googlear”; frente a la desaparición de otros términos ahora obsoletos, como “discar”. En este sentido, el inmigrante digital deberá acoplarse, también, a nuevos modos de hablar en su propio idioma.

Aquí llega mi el final de mi cuento, su conclusión, el hecho práctico que expresa los conceptos teóricos antes vertidos. Luego de haber visto aquel video en YouTube, envié un correo electrónico a mi padre con un catálogo de productos para que realice un pedido. Con setenta años, hace cerca de un década que él es internauta.

Mi padre no respondió el email por el mismo medio digital. Esperó el día en que nos vimos personalmente y me entregó un papel en mano. En letra manuscrita aparecía aquello que él había seleccionado desde la pantalla de su monitor. Inmigrante, según la teoría, yo prefiero definirlo como un ”usuario híbrido”, mital digital mitad analógico, una generación que, incluso acoplándose, no termina por ser enteramente tecnológica.

Como epílogo, confieso una herencia. Todo mi trabajo lo hago en plataformas digitales, sin embargo, hay un bastión que en mi rutina laboral se resiste a la virtualidad. Mi agenda está junto y no dentro de mi computadora: es una de papel, con tapa dura, en cuyo anillado se sostiene una lapicera bien tangible, nada tecnológica.

Compartir

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on whatsapp

Seguí leyendo