Las máquinas se prueban el traje del poeta

Por Uriel Bederman

Que no tiemblen los poetas, novelistas, periodistas y demás escribas del mundo. O que sí lo hagan, puesto que la tecnología, al parecer, quiere reemplazarnos. Al tiempo que mis dedos sobre un teclado hacen crecer este párrafo introductorio, científicos informáticos trabajan para que mi presencia deje de ser imprescindible en la redacción de repasos como este, e incluso en lo que refiere a la escritura de textos literarios vinculados al vuelo creativo y, acaso, impermeables a la magia de un algoritmo.

”El reemplazo del hombre por la máquina”. Ésta, una de las máximas de la Revolución Industrial, retoma protagonismo esta vez, no en las fábricas, sino en las redacciones y mesas de escritores. Tal como se afirma en ”El humano tiene quien le escriba: la maquina” publicada en BBC Mundo, las computadoras, acostumbradas a trabajar con datos concretos están más cerca de perfeccionar su capacidad para trabajar con significados y comprenderlos. Vayamos a los ejemplos concretos.

Un caso es el de Topicmarks, un sistema que realiza resúmenes de textos y promete hacerlo en forma inteligente, entendiendo la esencia de lo escrito. Según indican sus desarrolladores, existen planes de extender a más idiomas el software actualmente disponible para textos en inglés.

Otro ejemplo elocuente es un trabajo iniciado por un equipo de investigadores del Laboratorio de Información de la Universidad de Noroeste, en Estados Unidos. Ellos dieron forma a una máquina capaz de redactar crónicas periódisticas; de hecho la misma fue efectiva para una serie de partidos de beisball en los cuales, mediante una serie de algoritmos e ingreso de estadísticas, la tecnología logró traducir los datos en un texto al mejor estilo de un magazine. Los responsables del proyecto indican que el soft trasciende la esfera de este deporte y que puede ser utilizado en otras áreas sin intervención humana ni edición posterior.

Tal como indiqué más arriba, la máquina también pretende vestir el traje del poeta, en un ámbito que, a priori, parecía estar más alejado del poder de un algoritmo. Entonces, ¿puede un robot ser, además de metódico, creativo? Un proyecto llamado ”LoveLetters” parece confirmar esta posibilidad. Creado por el doctor David Link en base a un trabajo que se remonta al año 1952, es un programa informático capaz de generar textos que generen emociones. En específico, la máquina compone cartas de amor siguiendo reglas gramaticales y valiéndose de un acotado catálogo de palabras previamente ingresadas por el programador.

Es cierto, en parte podemos comenzar a temblar los escribas aunque acaso en un futuro que no parece tan cercano, sólo cambie nuestra ubicación: en vez de estar frente a un teclado y una hoja en blanco, el trabajo de creatividad estará en la diagramación de un código informático. Y, aunque amemos la tecnología, hay que admitir que estas arenas, algo de lo humano siempre deberá estar allí presente.

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