Las diferencias generacionales expresadas en el mundo tecnológico

Si bien los avances de la Ciencia (así, con mayúscula) han configurado a su modo a las distintas generaciones que han habitado este mundo, es válido afirmar que de unas décadas a esta parte el acceso a la tecnología es un factor ineludible a la hora de analizar nuestros modos de ser. El exponencial crecimiento de la Web (redes sociales incluidas), la disponibilidad de herramientas y aplicaciones que giran en torno a nuestra vida y también las plataformas de juego; configuran y determinan múltiples ámbitos entre los cuales se puede mencionar la comunicación y la expresión, el aprendizaje y la enseñanza, el mundo laboral, los medios informativos, y el entretenimiento, entre tantos otros; alcanzando gestos, gustos y actitudes cotidianas de cada uno de los que habitamos este mundo.

Ahora bien, en este contexto las diferentes generaciones juegan su rol particular. En un estudio a cargo del sicólogo Larry Rosen de la Universidad de California, títulado “Comprendiendo a la iGeneración y el modo en que aprenden”, el especialista distingue a aquellos que han nacido entre las décadas de los ochentas y noventas, a los que llama “generación.net”, frente a aquellos nacidos con posteridad, precisamente, la “iGeneración“. Estos últimos, según Rosen, prefieren comunicarse por escrito antes que por voz, y se han acostumbrado a respuestas instantáneas.

El mismo estudio evalúa una habilidad que la era digital parece incrementar cada vez: la capacidad multitarea, o lo que es lo mismo, la posibilidad de llevar a cabo múltiples acciones de un modo casi simultáneo. Rossen advierte las siguientes diferencias: los adolescentes realizan un promedio de siete tareas a la vez, los mayores de veinte años reducen el número a seis, mientras la media de los que pasan los treinta años llegan a cinco tareas simultáneas; como enviar mensajes de texto, navegar en la red, participar en redes sociales, escuchar música o mirar televisión.

Muchos estudios y análisis que se centran en este campo, diferencian estos grupos como “nativos digitales” frente a los “inmigrantes digitales“. Esta terminología encuentra su origen en el libro titulado, precisamente, “Inmigrantes digitales”, publicado en 2001 por Marc Prensky, especialista en educación. Autor de numerosos ensayos en torno a esta temática, Persky se focaliza en ayudar a los docentes a modificar sus modos pedagógicos frente a generaciones de estudiantes que han nacido con nuevas herramientas y, por tanto, que cuentan con nuevos hábitos y lógicas.

Estas brechas pueden ser bien identificadas en el lenguaje. Son miles los términos (nombres propios y verbos incluidos) que se han incorporado al habla por obra del creciente acceso a la tecnología. “Chat”, “chatear”, “sms”, “spam”, “retweet”, “googlear”; frente a la desaparición de otros términos ahora obsoletos, como “discar”. En este sentido, el arriba mencionado inmigrante digital deberá acoplarse, también, a nuevos modos de hablar en su propio idioma.

Estos cambios alcanzan, como se ha dicho, las múltiples áreas del quehacer humano. Con esfuerzos similares a los del inmigrante para incursionar en los nuevos hábitos, el nativo digital también cuenta con sus dificultades cuando quiere incursionar en las tecnologías de otros tiempos. Un caso emblemático, que acaso sirva de ejemplo para graficar la situación general, es el entretenimiento. Los niños hoy están acostumbrados a sumergirse en historias tridimensionales y, tal como ofrecen muchas de las consolas más modernas, jugar con el movimiento de sus cuerpos, conjugando el mundo real con el virtual. Bajo esta lógica y costumbre, ellos poco se entretienen con los títulos de videogames que tanto fascinaron a otras generaciones: plataformas en dos dimensiones que se controlan tan sólo con dos botones; y en tal ámbito es muy posible que no logren comprender la propuesta.

En la otra esfera, en la de los “inmigrantes”, he oído a una mujer decir: “Debo enviar un email pero lo haré más tarde porque la persona (el destinatario) no se encuentra en su casa en este momento”. Pero bien, aún quienes parecen quedar absolutamente por fuera de las tecnologías son capaces de acoplarse y ajustarse según su necesidad y deseo. Para ello es necesaria la curiosidad y la capacidad de aprendizaje.

Resumiendo: Es innegable que el incremento de la teconología en nuesta lógica de todos los días ha incrementado las brechas y experiencias generacionales. Una buena medida es transformar este aparente conflicto intrageneracional en un movimiento de aprendizaje mutuo. El nativo puede aprender del inmigrante digital, y éste tiene mucho para aprender de las nuevas lógicas para no ver aliens por un lado, ni hombres de la prehistoria por el otro, sino, contemplarse, conjugarse y comprenderse.

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