Tecnología e infidelidad: Una relación ambigua

La ciencia avanza incansablemente y a paso firme. En este marco, los diversos modos comunicativos entre los hombres y las mujeres del mundo moderno han experimentado drásticas modificaciones de la mano de una serie de avances que hasta hace pocas décadas se circunscribían al mundo de la ciencia ficción. Es así que la costumbre envuelve de naturalidad realidades -antes quiméricas- como llevar un teléfono en el bolsillo, o contar con centrales multimedia completísimas disponibles para utilizar en cualquier sitio en donde nos encontremos.

Estas consideraciones, en muchos aspectos súper beneficiosas para la comunicación (para otra ocasión queda el análisis y el debate acerca de impersonalidad de los canales informáticos frente a las relaciones más personales), es una mala noticia para los hombres y mujeres infieles. Es así que, aunque con cierto riesgo y con una alta dosis de broma, podemos afirmar que Steve Jobs, Mark Zuckerberg y todo Sillicon Valley complotan contra los propósitos de aquellos que engañan a sus parejas.

¿Nunca has oído de parejas que se han divorciado porque ella o él han espiado las cuentas ajenas? Un componente característico de la comunicación actual es la mayor presencia de “huellas”. Mensajes de texto, casillas de mail y muros en redes sociales como Facebook han delatado los secretos que muchos no han sabido borrar para siempre. No es necesario hacer un máster de espionaje para tomar un teléfono móvil y toparse con un SMS comprometido.

Virgin Mobile, una compañía australiana de telecomunicaciones realizó un encuesta entre 500 persona entre 18 y 29 años, que demostró que más del 70 por ciento de aquellos que espían los móviles de su pareja se ha encontrado con cosas que no hubiera deseado enterarse, y que un 10 por ciento se ha separado a causa de estos hallazgos.

En este sentido, es sabido que las “pruebas tecnológicas” son cada vez más frecuentes en los tribunales a la hora de dirimir asuntos de pareja. Entre ellas sobresalen los SMS y los correos electrónicos. Si bien en la mayoría de los países es ilegal espiar estos datos, detectives y abogados se valen también de softwares especiales que registran movimientos en la PC, como redacción de mails y conversaciones en salas de chateo, aún cuando el usuario crea que ha eliminado todo rastro.

Entre los sistemas más utilizados (*) figura un programa que se camufla y registra los movimientos de los eventuales infieles, permitiendo además acceder a claves y demás datos privados; otro que graba los mensajes de mail y las páginas web que visite el usuario. Asimismo existen troyanos que se instalan en teléfonos móviles que transmiten al servidor del espía todo aquello que hagan los espiados.

Por último, una de las mayores contras de los infieles es la disponibilidad de una cámara filmadora disponible en el bolsillo y a tiempo completo. Imaginen la siguiente situación: un hombre se despide de su esposa, diciéndole que sale hacia una reunión de negocios en un restaurante de la ciudad. Ella sospecha de él y a las pocas horas lo llama y pide que, a través de la cámara, le muestre cómo es el lugar. El hombre maldice, no solamente a su suerte y a su mala estrategia, sino a la tecnología que lleva en la palma de su mano: de filmar la escena, el restaurante no es precisamente lo que se reflejaría.

No es necesario aclarar que la tecnología no es la culpable de la infidelidad y los desengaños amorosos; aunque sí es cierto que ha venido a modificar ciertas lógicas dentro de este campo.

(*) Creemos correcto no mencionar los nombres de los programas a los que se hace mención.

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