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¿Es posible ser irónico en Internet?

Por Uriel Bederman

Un compañero de trabajo llegó apesadumbrado a la oficina una mañana de lunes. Tras las inevitables preguntas, nos contó acerca de una fuerte discusión con su esposa. Decía que le parecía insólito estar distanciado de su mujer por culpa de Internet. Durante el horario de almuerzo la historia fue volviéndose más explícita. Nuestro compañero nos explicó que estaban comunicándose vía WhatsApp, que hizo una broma y que su ironía fue mal interpretada. Aquello había ocurrido tres días atrás y desde entonces no se había vuelto a dirigir la palabra.

Ocurre que la esencia del discurso irónico ha sufrido un brutal cambio en el marco de la nueva era de las comunicaciones: salas de chat, mensajes de texto, publicaciones en foros y blogs, breves mensajes en Twitter y comentarios en diversas redes sociales; han establecido que aquellas personas que desean comunicarse en forma irónica en tales contextos busquen nuevas estrategias para lograr su cometido.

Por definición, la ironía es la figura mediante la cual se da a entender lo contrario de lo que se dice. En este sentido los aspectos visuales y auditivos resultan fundamentales para el éxito de este tipo de comunicación, la cual suele anidar una crítica, una broma o una visión particular de la realidad. Los gestos y la entonación de la voz son dos sabores fuertes de la receta irónica; dos ingrediente que no dispuso nuestro compañero al escribir aquel mensaje fatal en el teclado de su smartphone.

¿Pero no usaste un emoticón?“, consultó al angustiado uno de los del grupo. Este hombre, sin apelar a los manuales, de todos modos hacía referencia a los caminos alternativos de la ironía en el lenguaje escrito, un ámbito que ha crecido exponencialmente de la mano de las nuevas herramientas tecnológicas. De hecho, en tales contextos la ironía puede ser explicitada mediante signos de interrogación, encerrada entre paréntesis o con el uso de comillas. Pero la forma más difundida para hacerla patente es el uso de un emoticón, pequeños dibujos útiles para reemplazar la carencia de gestualidad. Por caso, algunas caritas sencillamente graficadas con los signos 😛 o ;), expresan la intensión de una broma.

Al oír la historia de aquel hombre al que le faltó añadir un simple gesto, otro de los concurrentes exclamó: ¡Hay que inventar un signo para que la ironía sea clara y concreta! De hecho, esta búsqueda trasciende a las nuevas tecnologías: Durante el siglo XIX el poeta francés Alcanter de Brahms propuso establecer este signo (¿) como el universal para estas intenciones. Su uso no se difundió, aunque no es mal momento para retomar su propuesta.

Acaso, escribiendo en su teclado, en tres simples pasos, (¿); nuestro compañero no hubiera sufrido la imposibilidad del discurso irónico durante la era tecnológica.

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