La tecnología, la memoria y la responsabilidad humana

Tipear en la caja de búsqueda el novel síntoma descripto como ”efecto Google” será suficiente para conocer uno de los temas calientes en Internet. Se trata de un estudio a cargo de Betsy Sparrow, profesora de la Universidad de Columbia, y publicado por Science, el cual analiza la memoria humana y la retención de datos en relación a la navegación web.

El estudio revela que los buscadores en Internet se han erigido como una suerte de memoria externa y colectivo a la cual le delegamos la tarea de recordar. O dicho de otro modo, confiamos más en Google y sus parientes cercanos, que en nuestra propia memoria. En consecuencia, podríamos afirma que ante la eventual ausencia de esta herramienta, la capacidad de recordar se vería fortalecida.

Ahora bien, las conclusiones no están teñidas de negatividad. Sparrow destaca que este hábito también ha generado una grandísima evolución de nuestras habilidades de búsqueda y, que en tal sentido, somos realmente eficientes en el manejo de la herramienta que se nos presenta. Lejos de entregarnos sin más al poder de la máquina, ”utilizar los buscadores no significa que nos estamos volviendo menos inteligentes sino que estamos volviéndonos más refinados para encontrar información”, sostuvo la académica.

En el marco de este debate resultan interesantes las reflexiones de Chris Welty, miembro del equipo de IBM que creo Watson, un ordenador capaz de responder eficientemente millones de preguntas y que tuvo su prueba de fuego en el concurso televisivo Jeopardy! Este equipo cuenta con 200 millones de páginas de información y acceso a noventa servidores los cuales no solamente responden sino que también aprenden de los errores. Hablamos, sin más, de inteligencia artificial.

Ante la consulta si llegará el momento en que no será necesario estudiar, puesto que las máquinas responderán por nosotros; el científico destaca la responsabilidad humana: ”Puedes tener las respuestas, pero siempre tendrás que preguntar y hacer las preguntas correctas. Watson no sabe nada a no ser que una persona introduzca la información”. En este sentido, Welty advierte que la responsabilidad ética también queda en manos de los seres humanos y no en las máquinas, del mismo, si éstas tomasen decisiones las normas deben ser introducidas por los desarrolladores.

Resulta innegable que la tecnología ha modificado nuestras rutinas e incluso la forma en que funciona nuestro cerebro (siguiendo el estudio publicado por Science). Pero aquello que nos quita nos es reintegrado en beneficios. Y en esta lógica, cabe destacar que el primer movimiento es puramente humano: no hay Watson sin las manos de un ser humano que programe su capacidad, y no hay Google sin aquellos que construimos su inteligencia día a día en cada duda que nos asalta.

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