Todo lo que hay que saber sobre los asientos para niños

Los niños llegan con un pan bajo el brazo, y también traen consigo una nueva rutina colmada de desafíos y aprendizajes, máxime para los padres primerizos. Las listas de supermercado se alargan, las reuniones familiares ya no son como las de antes, las horas de sueño se interrumpen… En este nuevo orden de cosas, también es preciso adquirir nuevas lógicas a la hora de viajar sobre cuatro ruedas.

Los niños deben hacerlo en asientos especiales y homologados, sea en trayectos cortos o durante viajes largos. Es importante notar que en viajes extensos es preciso establecer períodos intermedios de descanso, puesto que la fisonomía de los más pequeños no está preparada para pasar largas horas sentados. Ahora bien, a la hora de comprar es importante tener en cuenta cuál es el más adecuado según la edad y peso del niño, además de contemplar las dimensiones del vehículo en el cual será instalado.

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En términos generales, existen tres tipos de asientos para niños: Aquellos destinados especialmente a los más pequeños, de hasta 9 kilogramos (peso que alcanzan, aproximadamente, a los seis o siete meses de vida); el modelo convertible para niños de hasta tres años (también útil para los más pequeñitos, aunque a veces requiera añadir algún cojín adicional); y los asientos elevadores o taburetes (booster seats, en inglés) para niños de cuatro a doce años de edad o que alcanzan el metro y medio de altura.

Este último modelo se utiliza, según recomiendan especialistas en la materia, con el cinturón de seguridad inferior y no con aquel que cruza el cuerpo, de presencia usual en las butacas delanteras, evitando su cercanía con el cuello y la cara del niño.

Para todos los casos, tan importante como la elección del asiento es su correcta instalación en el automóvil. Diversos estudios dan cuenta que muchos accidentes se deben a faltas en este punto. Dependiendo de las regiones, existen normas de seguridad estandarizadas que deben incluir todos los vehículos modernos y, en sintonía, los adminículos (denominados LATCH o ISOFIX) destinados a este fin. De todas formas, vale mencionar que los asientos pueden ser instalados en automóviles que no cuenten con el estándar mencionado, acaso con menor cantidad de anclajes de sujeción. Siempre será mejor que viajen según las recomendaciones y no en brazos o en posiciones inadecuadas.

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¿Mirando hacia el frente o hacia la luneta?

En reuniones de “colegas primerizos” abunda el consejo y muchas veces éstas suelen ser contradictorias. La palabra autorizada llega desde la Academia de Pediatría de Estados Unidos (AAP), que en marzo de 2011 publicó una guía que contiene recomendaciones sobre este respecto, indicando que los asientos para niños deben orientarse mirando hacia la luneta del automóvil (de espaldas a los ocupantes delanteros) y en el sector posterior del vehículo hasta que los niños cumplan los dos años de edad. Según este organismo, en esta posición los riesgos se reducen en un 75 por ciento en caso de accidente. Luego, ya más crecidos, el asiento puede ser orientado hacia el frente y se recomienda que viajen de esta forma, en el asiento trasero, hasta los trece años de edad.

Tips para tener en cuenta:

Si al salir del sanatorio aún no cuentas con uno, en algunos establecimientos alquilan asientos que pueden auxiliarte en el apuro.

“Lea atentamente el prospecto”: Es recomendable detenerse las instrucciones que acompañan el producto. Si bien es usual desestimar esta tarea, allí es posible encontrar información útil para la instalación e incluso los límites de edad o de peso para cada caso.

“Ante cualquier duda, consulte…”: Leer esta nota es un buen primer paso para estar informado, pero sólo un primer paso. En este terreno, es bueno consultar a un experto en la materia, incluso observar el modo en que instala el asiento para aprender su técnica.

Es saludable tener en cuenta que, en términos genéricos, la lógica ”a mayor precio, mayor seguridad” no siempre es verdadera.

¿Cómo saber si la silla ya no es útil para el niño? Una máxima general: si su cabeza supera el respaldo, ya es hora de pasar al siguiente nivel.

Por último, ¿qué hacer si los niños no se quedan tranquilos en el asiento? El mejor consuelo para los padres es evaluar que aquella posición es la más segura para los pequeños. Además, es posible afirmar que los niños acostumbrados a viajar de tal modo no suelen protestar. Ellos seguros, y el padre o la madre, tranquilos al volante.

Más información en el sitio patrocinado por AAP.

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